"¿Adorar a través de una pantalla?"


“Te queda poco espacio de almacenamiento en el dispositivo”... No puede ser... Trato de mantener mi celular bastante limpio a todo archivo indeseado. Pero no. Era otra de las consecuencias del COVID-19. Uff…


De repente, como si no me hubiera dado cuenta, había instalado una cantidad de aplicaciones nuevas a través de las cuales me es posible entrar al aula, tener clases de consultas, dar yo mismo mis clases o tomar “mates virtuales” con varios amigos a la vez…


La experiencia de Internet va modificando en estos días las actividades que regularmente hacemos en vivo… pero en un vivo que es más real que el de Instagram…


Entre las cosas que afecta estabendita pandemia”, no está al margen la vida de fe. Hablando con una consagrada amiga (claro que por video llamada), me propuso si, junto a otros universitarios con los cuales nos formamos habitualmente, no queríamos tener todos los días a las 18.30 un rato de adoración… Ahora sí sería en “vivo”, pero a través de Facebook Live… Nos pareció una buena idea, como para mantenernos en un rato de encuentro con Jesucristo.


Al día siguiente era nuestra primera experiencia. Un rato antes comencé a llamar a los demás chicos para que se prepararan. A las 18:25 le aviso a mi amigo Federico. Corto y, cuando llego a la pantalla, estaba comenzando la transmisión y me encontraba contestando “Sea por siempre, Bendito y Alabado”…


Allí estaba mi Jesús, fiel a su estilo sencillo, en el trozo de pan. Lo observaba como puedo observarlo en mi turno de adoración de los viernes. Pero la realidad era diferente. Me daba cuenta que, así como hacía unos minutos había hablado con mi amigo, ahora lo estaba haciendo con Otro.


Mis pensamientos comenzaron a ordenarse poco a poco. Toda mi catequesis sacramental empezaba a tener un poco más de significado.Cada trozo de pan, envuelve todo el cuerpo, el alma y la divinidad de Jesucristo”, “la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía eran cosas que me enseñaba María del Carmen, mi catequista, hace como 15 años… Ahora estaba entendiendo un poco mejor lo que pasaba.


Y me acordaba de San Francisco de Asís: "Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que lo adoro cuando le veo en la Misa”, y pensaba ¿qué es lo que vemos en la Misa y qué es lo que está detrás de eso?... “adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu”.


Me acordaba también lo de Santa Teresa de Jesús: “Acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma, y miraros al corazón. Los ojos del corazón, los ojos del espíritu. Esos ojos son los que pueden ver y adorar algo que no son capaces de ver ni adorar los ojos de la carne… Todas estas ideas me daban vuelta en la cabeza. Y pensaba en esa tremenda realidad de “eso” que ven “los ojos del espíritu”…


Y mi fe se seguía alimentando de otros pensamientos: si había visto a Federico en su presencia real a través de la video llamada, ¿cómo no iba a ser cierta la presencia real de Jesús a través de la otra? Y ahora no estoy hablando sólo de la transmisión “en vivo” de la adoración. Ahora entendía mejor el significado del Santísimo Sacramento: Dios, en Jesucristo, sale a nuestro encuentro todos los días a través de una “pantalla” poco convencional como lo es la Hostia Consagrada y está en nosotros atenderlo o no.


La historia continúa cuando a los pocos días hablé con unos amigos y les conté de esta impresión que tuve a través de teleconferencia: mates de por medio y cada uno con el suyo, claro. No faltó quien dijo: “qué ganas de estar tomando unos mates al lado del rio y que nos veamos las caras posta”.

De nuevo me interpeló interiormente esa frase cuando terminó la llamada. Quería verme profundamente con mis amigos, pero también con mi amigo Jesús. Sé que puedo verlo siempre con los ojos del alma, pero al mismo tiempo me doy cuenta que necesito algo más, poco a poco reconozco la necesidad del encuentro personal con Él, no sólo a través de su “videollamada” en la adoración, sino de estar juntos en una común unión… recibiéndolo en mí, comulgando de nuevo.


Dios nos permita volver pronto a recibir al Señor sacramentalmente, mientras tanto, podemos aprender a hacer más seguido esto de “abrir los ojos del alma” para verlo y adorarlo, y aprovechar este “ayuno sacramental” para hacer crecer en nosotros el hambre y el deseo de la Santa Comunión.


¡Dios te bendiga!

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Ah, si querés sumarte, mañana "Miercoles Santo" a las 16 hs tendremos una Hora Santa de adoración a través de nuestro canal de Charlas CAT en Youtube. Nuestro capellán, el P. Ariel, guiará la meditación. Te dejo el link: https://youtu.be/56nhd3XJt6E






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