¿Cómo hacer la meditación?

1. Hacer meditación es hablar amistosamente con Dios. Ayuda mucho para avanzar en la vida espiritual. Por eso siempre ha sido muy recomendada por la Iglesia y por los Santos.

A través de la meditación, ellos lograron vivir una vida de amor y de gran cercanía con Dios. Aprovecha esta oportunidad para aprender a hacerla bien.

2. No se trata de rezar repitiendo oraciones –leídas o sabidas de memoria– sino de hablar con Dios, a partir de la reflexión pausada de un texto espiritual.

Dónde hacerla. En un lugar donde haya silencio y en el momento más adecuado de tu día (si es posible, por la mañana). Así tendrás la tranquilidad para lograr el recogimiento necesario. Es preferible de rodillas. Frente al Sagrario te inspirará más, pero estas cosas no son estrictamente necesarias, no dejes de hacer la meditación aunque no puedas hacerlo de esta manera.

Cuánto dura. La meditación debe durar, al menos, 15 minutos sin interrupción. En esos minutos hay que procurar estar muy atento. Se hace con un texto ya preparado, para facilitar así la meditación.

3. Regla de oro: el camino más sencillo para hacer oración es... hacerla. Y no dejarla de hacer se vea o no se vea, se sienta o no se sienta. Hay días en que te costará concentrarte y te parecerá que estás perdiendo el tiempo. ¡No te desanimes! Igualmente, Dios te oye y te espera. Esos días son tu verdadera prueba de amor a Dios. Ten paciencia y analiza las dificultades (especialmente con tu Director espiritual si lo tienes).

 

4. Método práctico y sencillo de hacer la meditación

Comienza con la oración para antes de la meditación (clic aquí), poniéndote en presencia de Dios, pensando que el Señor te ve y te oye; y, luego, durante los quince minutos, sigue estos tres pasos:

(1) lee pausadamente unas líneas o párrafos del texto a meditar, y detente en aquella idea que te “llegó” más.

(2) reflexiona, trata de entenderlo mejor, reléelo si es necesario, tratando de grabar bien esa idea en tu mente y, sobre todo, en tu corazón, pensando cómo lo aplicarías a tu vida.

 

(3) habla con Dios sobre esa idea, como un amigo lo hace con otro; pídele, dale gracias, alábalo, adóralo, dile que lo amas; escucha qué te dice en relación al tema que estás meditando: p. ej. si meditas sobre el pecado, pide dolor de los tuyos. Cuanto más íntimo y afectuoso sea ese diálogo con Dios, mejor.

 

Cuando sientas que ya no sabes qué más reflexionar y orar, en relación al párrafo que leíste, toma de nuevo el texto y continúa leyendo, repitiendo los tres pasos: (1) leer, (2) reflexionar, (3) hablar con Dios. Y así debes hacer durante toda la meditación.

Cierra tus 15 minutos, formulando  un sencillo propósito para cumplirlo en el día. La meditación será buena, si de verdad te ayuda a mejorar en tu vida cristiana. Al final, reza con atención la oración para después de la meditación (clic aquí).

 

5. Recuerda siempre: tu esfuerzo por hacer la meditación diaria y tu perseverancia en este propósito, aunque no parezca, hará que tu vida cristiana no sea de "cumplimiento", sino de verdadero amor a Dios.

Santa Teresa de Jesús, verdadera maestra de oración, decía: “Prometedme quince minutos de meditación y yo os prometo el Paraíso.” Paraíso ciertamente en el Cielo, pero también en la tierra.

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