Esperá de Dios lo mejor


Siempre me pareció “pícara” esta frase que San Pablo le escribe a Timoteo:

“Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará; si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo” (2 Tim, 2, 11).

Es muy astuto San Pablo al escribir así. Viene haciendo un paralelismo, si-si, si-si, no-no, hasta que lo rompe con un “no-si”: si somos infieles (no) él permanece fiel (sí) porque no puede negarse a sí mismo. Ser infiel parece que es algo que nosotros podemos hacer, pero Dios no, Dios no puede ser infiel sin “negarse a Sí mismo”. Qué interesante ¿verdad? Y eso es algo sumamente bueno para nosotros.


¿Vieron que a veces ponen en la puerta de algunos transportes de larga distancia la frase “Deus é fiel”? Seguro son empresas evangelistas. Los católicos lamentablemente no nos animamos mucho a esas cosas... Disociamos mucho la fe de muchas otras áreas de nuestra vida… Nos da vergüenza ser fieles a nuestra fe y somos hábiles para ocultarla “a tiempo y a destiempo” … Claro, tampoco creo que sea cuestión de ir diciendo cosas piadosas y religiosas todo el tiempo. Los que me conocen saben que tampoco comulgo con ese otro extremo “pietista”.


Pero ¿qué significa que “Dios es fiel” y que no puede ser infiel? Hay que decir algo sobre la fidelidad. La fidelidad es propiamente una virtud o sea un hábito estable, no es algo pasajero o que basta con hacer alguna obra de fidelidad “bastante seguido”... “soy bastante fiel”… bueno, “casi siempre soy fiel”… jaja no…, no existe… Es más… la fidelidad es de esos hábitos que para que sean reconocidos por los demás tienen que ser sumamente indefectibles. Basta que una vez seamos infieles para que ya nadie tenga más en cuenta nuestra supuesta “fidelidad”... Es como una cadena que no se puede cortar nunca. No pasa lo mismo con otros hábitos o virtudes, se puede romper a veces la cadena y sin embargo seguimos diciendo “tal persona es trabajadora”, “se levanta temprano”, etc.


Solemos decir que “una golondrina no hace verano”… para decir que por una vez que hagamos algo eso no nos determina o no nos convierte en lo que hicimos. Pero con la fidelidad esta frase no corre... Una infidelidad sí puede tirar por tierra definitivamente nuestra credibilidad. Por eso, Dios es fiel, siempre es fiel. Y eso es muy bueno para nosotros.


Y es muy bueno por una sencilla razón: podemos confiar en Él. Siempre. Y esperar de él siempre cosas buenas. La confianza se basa precisamente en la fe. Creer en alguien y confiar en alguien van de la mano. Creer en alguien quiere decir creer ante todo en su bondad y su benevolencia, creer que esa persona quiere nuestro bien y lo procura. ¿Y en quién más podríamos creer, en quién más podríamos confiar sino en Dios?, en ese Alguien que, aunque “quisiera” no puede ser infiel, aunque quisiera no puede (porque el ES fiel, el ES amor) más que hacernos sólo el bien.


Pero de Dios no sólo tenemos que esperar “cosas buenas”, sino… ¡lo mejor!: ¡Dios es Todopoderoso! no está limitado en su capacidad de hacernos el bien, como nosotros. Sólo sabe y puede amarnos. Nada lo limita ni arruina sus planes.


San Ignacio, en su autobiografía cuenta una anécdota de algo que le ocurrió al poco tiempo después de convertirse. En la víspera de la Anunciación (25 de marzo), Ignacio hace una "vela de armas" (se queda toda la noche rezando), como caballero de Dios, en una iglesia. Con disimulo se quitó en un rincón sus ropas vistosas y se vistió un saco pobre. Sus ropas de noble caballero se las dio a un pobre que pedía a la puerta, y luego dejó ante el altar de la Virgen su espada y puñal.


Se liberó despojándose y al mismo tiempo quiso hacerle un bien al mendigo -quien recibió el pequeño “tesoro” de las ricas vestimentas de Ignacio. Pero…, como él mismo relata, terminó haciéndole un mal. El mendigo que recibió sus ropas y se disfrazó de rico, fue preso, porque creyeron que le había robado a Ignacio. El pobre dijo a los policías que un peregrino le había regalado esas hermosas vestiduras, pero no le creyeron. Pocas horas más tarde llega la policía con el pobre a la rastra, humillado, a devolverle la ropa a Ignacio… Es la primera vez en que él mismo confiesa que se le saltaron las lágrimas de los ojos, al ver cómo maltrataban al pobre… Y se decía a sí mismo: “Ah! Ignacio, pobre de ti, aún no sabes hacer el bien a los demás, quisiste hacer un bien y le hiciste un daño a este pobre hombre”.


Dijimos que Dios no está limitado en su capacidad de hacer el bien. Bueno, en realidaaaad… no es tan así. Dios ha querido limitar sus bienes (normalmente… no siempre, según su Sabiduría infinita le indica), a nuestra fe y a nuestra confianza.


La confianza en Dios, esa capacidad de esperar de Él lo bueno, debería ser algo fácil ¿verdad? Pero no lo es. Y muchas personas, a pesar de ver repetirse casi al infinito, escenas de amor, misericordia y poder de Dios en su vida, no terminan de convencerse… no terminan de confiar en Él siempre. Y siempre lo están como poniendo a prueba…


El ejemplo de Pedro desconfiando y hundiéndose; o el de los milagros que Cristo no pudo hacer “por la poca fe que encontró” nos revelan que Dios “necesita” ese algo de fe y de confianza en su poder. Hasta se ha mostrado un poco ofendido cuando ese le preguntó “Señor, si puedes curarlo…” y Jesús respondió algo así “¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible” (Mt 9, 23)


En el caso de San Ignacio vimos que quiso dar un bien y terminó haciendo un mal. Pero Dios no es así. Los bienes de Dios nunca nos hacen mal. Y no sólo eso, sino que hasta de los males (aparentes) saca para nosotros bienes. A veces él mismo Dios nos da un “empujón” para salir de un lugar o nos hace perder algo… para darnos otras mejores. Sí, Dios es un poco bromista… y a veces nos hace grandes regalos envueltos en un papel muy feo. Luego nos terminamos dando cuenta que era lo mejor para nosotros…


Por eso, debemos esperar lo mejor de Dios. Si se lo pedimos con fe, si confiamos en Él, Dios no podrá dejar de darnos lo mejor. Aunque, claro, eso no significa que Dios nos dará lo que nosotros pensamos que es lo mejor, o que no debería implicar dolor o sufrimiento. Al contrario, Dios nos hace pasar cíclicamente, por el camino del dolor, para moldear nuestra alma y disponerla para el Amor. El que aprende a sufrir con paciencia (desde cosas más pequeñas como el calor o el frío hasta las más penosas como la soledad o la humillación) aprende a amar.


Amar significa romper el ensimismamiento y abrirse a los demás por amor a Dios. O abrirse a Dios y amar a los demás, por amor a Él. Y todos los bienes que nos da Dios tienen que ver con este aprendizaje. Todo lo hace para que lleguemos a esta meta.


Y ¿qué espera de nosotros alguien que nos ama de esta manera profunda, constante, fiel?, ¿espera algo a cambio Dios? “amor con amor se paga”. La fidelidad es el mejor regalo que podemos ofrecerle a cambio. Goethe (poeta y dramaturgo alemán) lo decía magníficamente:

"La fidelidad es el esfuerzo de un alma noble para igualarse a otra más grande que ella".

Ser fieles a Dios implica también ser fieles a los demás, especialmente fieles a las almas nobles y a quienes debemos gratitud. Implica un esfuerzo constante y es señal de fortaleza. Una persona que saber ser fiel es también una persona fuerte… por eso en esta época de hombres débiles, la fidelidad también es difícil de encontrar.


¿Queremos ser fieles a Dios? Ejercitemos la fidelidad en todos sus aspectos, desde la fidelidad en las cosas pequeñas (como dijo el Señor “el que no es fiel en lo poco… no se le dará lo mucho”), a la fidelidad con las personas nobles. Si somos fieles a Dios y si confiamos mucho en Él, estamos abriendo la puerta a un mundo de maravillas y cosas grandes que el Señor tiene reservadas para nosotros. Sí, Dios tiene cosas grandes para nosotros. Pero tenemos que creer en Él, confiar, ser fieles.


El Señor un día lo reveló a Natanel; “¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera crees? -le dijo Jesús - Verás cosas más grandes todavía”…


¡Eso Señor!, ¡Queremos ver cosas más grandes todavía! ¡Auméntanos la fe! ¡Ayúdanos a esperar lo mejor de Ti, siendo fieles y esforzados imitadores de tu noble Corazón!


Hasta el próximo post, ¡Dios los bendiga!


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