¿Qué está guiando nuestra vida?

Actualizado: 26 de oct de 2019

¿Se pusieron a pensar que a todos en la vida nos guía algo? Todos tenemos “algo” que nos guía en lo que hacemos, pensamos, decimos… pero principalmente lo que hacemos…


¿Vos sabés qué es lo que guía tu vida?


Puede ser que lo que te guía en este momento sea un problema, un tiempo límite o una exigencia o responsabilidad. O quizá estés siendo guiado por un mal recuerdo, un miedo permanente o una costumbre o mal hábito involuntario. Hay muchísimas circunstancias, razones y sentimientos que guían tu vida.


Hoy quiero contarte sobre las cinco más comunes para que analices y cambies lo que haya que cambiar:


1. A muchas personas los guía la culpa.

Se la pasan huyendo de sus errores y escondiendo su vergüenza. Las personas que cargan culpas son controladas por sus recuerdos. Dejan que su pasado controle su futuro. Sin darse cuenta, se castigan a sí mismos, y sabotean así sus propios logros.

Cuando Caín peca matando a su hermano Abel, su culpa lo separó de la presencia de Dios, y Dios le dijo: “Vas a ser un fugitivo errante en el mundo”. Eso describe hoy a la mayoría de la gente, que va por la vida sin ningún propósito.


Somos el resultado de nuestro pasado, pero no tenemos que ser esclavos del pasado. El propósito de Dios para nosotros no depende de nuestro pasado. Dios convirtió a Moisés que había sido un asesino, en un gran líder con una misión importantísima… también convirtió a Gedeón, un cobarde, en un héroe valiente, con más razón también puede hacer cosas increíbles con nosotros, con lo que nos queda de vida. Dios es experto en darles un nuevo comienzo a la gente...


2. A muchos los guía la ira y el resentimiento.

Estas personas se aferran a heridas que no logran superar nunca. En vez de deshacerse del dolor a través del perdón, lo mantienen una y otra vez en sus mentes.

Los que viven motivados por el resentimiento se “encierran” e interiorizan su ira; otros “estallan” y explotan con los demás. Las dos reacciones son dañinas y nos sirven para nada.


El resentimiento siempre te va a dañar más a vos que a la persona con la que estás resentido y enojado. Lo más probable es que la persona que te ofendió se olvide de la ofensa y siga su vida, vos vas a seguir hirviendo de dolor, y perpetuando el pasado.

No te olvidés: Los que te hayan hecho algún daño en el pasado no te lo pueden seguir haciéndo a menos que te aferres al dolor con resentimiento. ¡Lo pasado, pisado!, como dice el dicho popular… Nada lo va a poder cambiar. Te estás haciendo daño a vos mismo con tu amargura... Por tu propio bien, aprendé de todo eso, liberate y seguí adelante buscando estar siempre motivado y alegre…


3. A muchos los guía el temor.

Esos temores pueden ser el resultado de una experiencia traumática, de falsas expectativas, de haber sido criados en un hogar de disciplina rígida o incluso de una predisposición genética. Cualquiera que sea la causa, las personas condicionadas por el temor pierden oportunidades porque les da miedo aventurarse a emprender cosas. Van a lo seguro, evitando riesgos y tratando de mantener el statu quo.


El temor es un tipo de cárcel que uno mismo se impone, y que nos impide llegar a ser lo que Dios quiere que seamos. Tenemos que reaccionar contra eso principalmente con las armas de la fe y el amor. Donde hay amor, no hay temor, y si hay temor, se supera fácilmente por amor. El amor siempre nos hace valientes ¿no? Lean sobre la vida de cualquier santo, y se van a dar cuenta de que todo lo que hicieron, todos los actos de virtud heroica por las cuales fueron santos, son causa del gran amor a Dios y a los demás que los empujó y les dio coraje de vencer cualquier miedo, obstáculo, sufrimiento, y peligro, con tal de hacer lo que Dios esperaba de ellos.


4. A muchos los guía el materialismo.

El deseo de “tener” se convierte en la meta principal de la vida de estas personas. Este deseo de querer siempre más viene de la idea equivocada de que cuanto más tengas, más feliz, más importante vas a ser y más seguro vas a vivir, pero los tres conceptos son errados.

Las posesiones solo dan cierta felicidad temporal. Como las cosas no cambian, tarde o temprano nos aburrimos de ellas, entonces queremos otras nuevas, más grandes y más modernas, esto es especialmente cierto en esta cultura del descarte y de la innovación por la innovación en que vivimos…


No deja de ser un mito eso de que “mientras más tenga, más importante soy”, justamente somos testigos de lo contrario cuando vemos a muchísimos famosos o personas con mucho poder o que tienen todo lo material, pero viven angustiados, arruinan su vida ahogándose en vicios para no pensar en su vida vacía, directamente se quitan la vida porque no soportan el vació existencial constante que tienen a pesar de todo. Cuánto valemos como personas y cuánto valemos por lo que tenemos no es lo mismo….


El mito más común respecto al dinero es que cuanto más tengas, más seguro vas a estar. No es así. Se pueden perder de un día para el otro las riquezas y los bienes materiales, por muchas razones que están fuera de tu control. La verdadera seguridad solo se fundamenta en algo que no te pueden quitar: tu relación con Dios. De verdad…nada es más importante que conocer los propósitos de Dios para tu vida, y nada te puede compensar por no conocerlos….


5. A muchos los guía la necesidad de ser aceptados.

Estas personas dejan que las expectativas de los demás (sus padres, esposos/as, novios/as profesores o amistades) controlen sus vidas.

Muchos adultos siguen tratando de ganarse la aceptación de sus padres, a quienes les resulta imposible agradar. A otros los guía la presión de los amigos, preocupándose siempre por el «qué dirán».


Tristemente, los que siguen al mundo, por lo general se pierden en él. Y aunque no conozco todas las claves para el éxito, les aseguro que tratar de agradar a todo el mundo es una de las claves para el fracaso… Ser influenciado por la opinión de los demás (sin tener en cuenta la virtud, el ejemplo, la cercanía con Dios de esas personas), te garantiza perder los propósitos de Dios para tu vida. Es esencial que si nos dejamos influenciar por alguien, estemos seguros de que esa persona sea coherente, virtuosa y sobre todo que quiera nuestro mayor bien no solo de palabra, sino principalmente que nos lo demuestre con hechos concretos…

Hay otras influencias que pueden guiar tu vida, pero todas terminan en un callejón sin salida. Por ejemplo: potencial sin poder usarlo, estrés innecesario y una vida vacía.


Esperamos que después de terminar esta serie de posteos sobre el propósito, empecés a llevar una vida guiada, controlada y dirigida por los propósitos de Dios. “Nada es más importante que conocer los propósitos de Dios para tu vida, y nada puede compensarte por no conocerlos”; ni siquiera el éxito, la riqueza, la fama o los placeres. Sin un propósito, la vida es una marcha sin sentido, un movimiento sin dirección y sucesos sin motivos. La vida sin propósito es trivial, insignificante e inútil.


Para terminar, me gustaría contarte sobre los beneficios de tener una vida con propósito:

Hay cinco grandes beneficios de vivir una vida con propósito:


1. Conocer tu propósito es lo que le da sentido a tu vida.

Fuimos creados para tener significado. Fuimos creados para cumplir una misión, eso está en nuestra esencia. Por eso los métodos que utiliza la gente para encontrarlo, como la astrología o los psíquicos, son absurdos. Cuando la vida tiene sentido, podés soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene, la vida resulta realmente insoportable.

Sin Dios, la vida no tiene propósito, y sin propósito, la vida no tiene sentido. La vida sin sentido no tiene significado ni esperanza… Por eso, la tragedia más terrible no es morir, sino vivir sin propósito.


¿Qué guía tu vida? Te vuelvo a preguntar, porque es importante que tengas clara esta respuesta… porque sin propósito no podemos tener esperanza, y la esperanza es como el aire y el agua para vivir, necesitamos tener esperanza para salir adelante y lograr nuestras metas…

Y si te resulta difícil todavía ver con claridad cuál es, no te desesperés, confiá en que, si te dedicas a buscarlo y a preguntarle a Dios, vas a tener las respuestas y la seguridad que necesitás para cumplirlo.


2. Conocer tu propósito simplifica tu vida.

Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer. Tu propósito se convierte en el patrón que vas a usar para evaluar qué cosas son esenciales y cuáles no... Hacete esta pregunta: Esta actividad que voy a realizar, ¿me va a ayudar a cumplir los propósitos de Dios para mi vida?

Sin un propósito definido no tenés ningún fundamento en el que basar tus decisiones, distribuir tu tiempo y usar tus recursos. Entonces vas a tomar decisiones basadas en las circunstancias, las presiones y el estado anímico del momento.


Los que no entienden su propósito en general se esfuerzan demasiado; y eso causa estrés, cansancio y conflicto. Es imposible que logrés hacer todo lo que los demás quieren que hagas. Solo tenés tiempo para hacer la voluntad de Dios. Si no logras terminar todo, significa que estás haciendo más de lo que Dios quiere que hagas (o quizás estás viendo demasiadas series en Netflix o muy pendiente de las redes sociales). Vivir con propósito nos lleva a un estilo de vida más sencillo y a un plan de actividades más saludable y más trascendente. También nos lleva a tener tranquilidad…


3. Conocer tu propósito enfoca tu vida.

Esto hace que dirijás todo tu esfuerzo y energía a lo que es importante. Te convertís en una persona efectiva cuando sos selectivo. Es natural que las cosas sin importancia nos distraigan. Es como si estuviéramos jugando a “la ruleta rusa” con nuestras vidas. Alguien decía que la gente vive una vida de “desesperación silenciosa”, pero hoy una descripción más exacta sería de “distracción sin propósito”.


Sin un propósito claro, vas a seguir cambiando de dirección, de trabajo, de carrera, de relaciones, de grupos de apostolado, de parroquia, de amigos y muchas cosas más, esperando que cada cambio pueda resolver la confusión o llenar el vacío de tu corazón. Pensás: “Esta vez quizás sea diferente”, pero eso no resuelve tu verdadero problema, es decir, la carencia de enfoque o propósito.


Para entender mejor el poder de estar enfocado, pensá en los rayos del sol, que, con la ayuda de una lupa, pueden ser dirigidos para quemar papel o las hojas secas (¿quién no hizo ese experimento de niño?). Cuando la luz es enfocada aún más, como en los rayos láser, puede atravesar incluso el acero.


No hay nada tan impactante como una vida centrada, vivida con propósito. Los hombres y mujeres que causaron mayor impacto en la historia fueron personas con un enfoque bien definido.

Si querés que tu vida impacte, ¡enfocala! Ya dejá de titubear y de dudar. No trates de querer estar en todo, y de hacer todo. Cuidemos como dice mi amigo Nico Torres en su Charla CAT, de no dejarnos llevar por un defecto de los millenials que es el MAPA (“Miedo a perderse algo”). Hagamos menos. Tenemos que deshacernos incluso de las buenas actividades y concentrarnos en hacer lo más importante. Nunca confundamos actividad con productividad. Porque tranquilamente podés estar ocupado, pero sin propósito alguno, y, ¿de qué sirve? Y como dijo el gran San Pablo: si queremos todo lo que Dios tiene preparado para nosotros, mantengámonos firmes en la meta…


4. Conocer tu propósito estimula tu vida.

El propósito siempre produce entusiasmo. No hay nada que dé tanto ímpetu y fuerza como tener un propósito claro. Por el contrario, el entusiasmo se disipa y se pierde por falta de propósito... El simple hecho de levantarse de la cama se convierte en una tarea difícil… En general, es el trabajo sin propósito, no el trabajo excesivo, el que nos agota, nos deja sin fuerzas y nos roba la alegría…


5. Conocer tu propósito te prepara para la eternidad.

Muchos se dan a la tarea de gastarse toda la vida en crear un legado duradero en la tierra. Quieren que se les recuerde después de muertos. Pero al final, lo más importante no es lo que otros dicen de tu vida, sino lo que Dios diga... Muchos no se dan cuenta de que todos los logros personales son superados tarde o temprano; las marcas se rompen, la reputación se desvanece y los homenajes se olvidan…


Vivir para dejar un legado terrenal es una meta que muestra muy poca visión. El uso más inteligente de tu tiempo es que edifiques un legado eterno. Nadie fue puesto en la tierra para ser recordado, sino para prepararnos para la eternidad.... Va a llegar el día en que vamos a estar delante de Dios; Él va a hacer un inventario de nuestra vida, un examen final antes de que entremos en la eternidad.

Para nuestra tranquilidad y consuelo, Dios realmente quiere que todos pasemos este examen; por eso nos dió las preguntas con anticipación (algo que nos encantaría que hagan todos nuestros profesores).


Dios nos va a plantear dos preguntas decisivas:

Primero: ¿Qué hiciste con mi Hijo? Aquí lo que va a tener relevancia es si aprendimos a amar a Cristo y a confiar en Él y seguirlo. Porque como él mismo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida… Nadie llega al Padre sino por mí”.

Segundo: ¿Qué hiciste con lo que te entregué? ¿Qué hiciste con tu vida, dones, talentos, oportunidades, relaciones y recursos que Dios te dió? ¿Lo gastaste todo en vos mismo o lo usaste para cumplir los propósitos para los que Dios te creó?


Espero que en algún momento tengás las mejores respuestas para estas preguntas tan importantes… Te dejo una pregunta práctica final para que te tomés el tiempo de escribir lo que te digan otros y lo que vos mismo pensás:

¿Cuál, podrían decir mi familia y amigos, es la fuerza que mueve mi vida? ¿Cuál quiero yo que sea?


No te olvidés: “El hombre sin propósito es como un barco sin timón, un soplo, nada, nadie”.


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¡Nos vemos en el próximo posteo!



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