Hay un plan para tu vida - Tres consejos seguros



Probablemente conozcan la historia del profeta Jeremías. Dios lo llamó para que suscitara el arrepentimiento del pueblo de Judá que se había alejado de Él. Si no la recuerdan, aquí va:


“Yo contesté: «¡Ah Señor, ¡Yahvé! -dice Jeremías- He aquí que no sé hablar, porque soy un adolescente.» Yahvé me respondió: «No digas: Soy un adolescente, sino ve a dondequiera que Yo te envíe, y habla todo cuanto Yo te diga.»” (Jer 1, 6-7)

¿Cuántas veces nos hemos sentido como el profeta Jeremías? ¿Insuficientes o poco aptos para llevar a cabo determinado trabajo? ¿Cuántas veces subestimamos los talentos que Dios nos ha dado?


Más adelante, en Jeremías 29, 11 podemos leer:

“Porque Yo conozco los designios que tengo respecto de vosotros, dice Yahvé; pensamientos de paz, y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza.” “Yo conozco los designios que tengo respecto de vosotros”...

La palabra “designios”, no es hoy una palabra muy usada, tiene que ver con “diseño”, tiene que ver con “planes”. Dios nos dice, como a Jeremías, “yo conozco muy bien el plan que tengo para ti”. En el post anterior les hablé respecto de la certeza de que Dios tiene de ese plan particular para cada uno de nosotros. Es necesario cultivar esta confianza ya que en medio de la lucha diaria por cumplir nuestros compromisos es común olvidar esta certeza. Puede pasar que asfixiemos el sentido que cada actividad diaria tiene en relación a ese llamado único, aunque a simple vista no sepamos encontrarlo.


Cuando perdemos la visión sobrenatural del mundo que nos rodea, es muy fácil decepcionarnos. Es muy fácil terminar viviendo para la inmediatez. Ya no nos sorprende nadie ni nada de lo que sucede a nuestro alrededor. Nuestra atención se pierde, como le pasó al protagonista de Fahrenheit 451, Guy, un bombero que se dedicaba a quemar libros por una orden del gobierno. Durante la primera parte de la historia el protagonista nunca cuestiona su trabajo. Hasta que aparece otro personaje muy importante, que lo escucha y lo ayuda reflexionar sobre su propia existencia.


“Nadie escucha ya. No puedo hablar a las paredes porque éstas están chillándome a mí. No puedo hablar con mi esposa, porque ella escucha a las paredes. Sólo quiero alguien que oiga lo que tengo que decir. Y quizás si hablo lo suficiente, diga algo con sentido. Y quiero que me enseñe usted a comprender lo que leo.” (Ray Bradbury, Fahrenheit 451, p. 81)

Venimos de Dios. Cada uno de nosotros responde a un pensamiento único de Dios. Si queremos entonces vivir en plenitud, tenemos que dirigirnos a Él. ¿Cómo hacemos esto? La respuesta es sencilla: rezar. La intimidad con Dios requiere que nos relacionemos con Él. La amistad humana requiere de trabajo y relación. Consiste en el esfuerzo por conocer al otro en profundidad.


¿Cómo vamos a ser capaces de saber lo que Dios quiere de nosotros si no lo tratamos? Sí Él es quien le otorga plenitud a nuestra vida, es entonces nuestra relación más importante. Demanda tiempo y sacrificio.


Si todavía no escucharon los episodios del Padre Ariel en Leones de Dios” sobre oración, se los super recomiendo, porque ahí van a aprender a entender la importancia que tiene como base para toda decisión importante que tenemos que tomar.


La oración permite abrir el diálogo con Dios y, sobre todo, agudiza nuestros sentidos para poder reconocer su mano providente en cada situación ordinaria. Nos enseña a vivir el presente con Esperanza, confiando en su presencia constante en cada paso que damos y, por lo tanto, no podemos dejarla para el final del día.


Nuestros talentos, nuestra cruz, nuestros amigos, padres, carrera profesional comprenden un conjunto de circunstancias que condensados entre sí solo tienen sentido en nosotros. No existe nadie exactamente igual a vos. No existe otra persona en el mundo que pueda amar, trabajar e incluso rezar como lo hacés vos. Nuestra relación íntima y personal con Dios es demostrada a través de gestos divinos que solamente nosotros podemos identificar en nuestra vida diaria.


No hace mucho viajamos con unos amigos a Los Ángeles, era Miércoles de Ceniza. Con todas las intenciones de ir a Misa, busqué una iglesia que estuviese cerca del hostel. Se nos hizo tarde y mis planes se vieron frustrados. “Mañana voy, no pasa nada”.


Al día siguiente me levanté bien temprano y me metí en el metro para llegar hasta St. Vincent de Paul. La arquitectura colonial del templo es increíble. De todas las iglesias que había googleado, había elegido ésta por comodidad y porque era la que más cerca me quedaba. No me había tomado la molestia ni siquiera de verla en fotos. Así es que, teléfono en mano, me bajé del metro y caminé hasta ella.


No había una sola alma. La puerta de entrada cerrada. La rodeé y me metí al parque de atrás. Aparentemente también había un convento de clausura. Me perdí en una de las galerías como Pancho por su casa hasta encontrar a alguien. Según Google, la Misa estaba por empezar en 5 minutos y como soy insoportable con la puntualidad, me molestaba llegar tarde.


Hasta que finalmente vi a un sacerdote que me guió para que alcanzara la nave central. “Justo a tiempo, Santi. Aunque necesitaría la guía para seguirla. ¿Cómo hago?”. En ese momento confirmé que Dios tiene muy buen sentido del humor: la misma estaba siendo celebrada en español. Claramente Dios entiende mi obsesión por tener todo bajo control. Así que bajé un par de cambios y me senté.


¿Han experimentado alguna vez un gesto divino como éste? ¿Un hecho o situación tan particular que solamente cobra significado para ustedes? En la cotidianidad Dios habla. Y nuestra capacidad para reconocer estos acontecimientos (que a la vista del escéptico solamente pueden ser una mera casualidad) depende en gran medida de la relación que tenemos con Él.


¿Cuántas veces intentamos tener el control total sobre lo que nos rodea? ¿Cuántas veces nos falta Fe para largarnos ciegamente a los brazos de Dios?


"Si un hombre quiere estar seguro del camino que sigue, debe cerrar los ojos y caminar en la oscuridad de la fe". (San Juan de la Cruz)

Nadie puede revelarte el plan para tu vida sino Dios. No existen recetas universales para esto. Sí existen medios, como la oración. Nadie puede mostrarte tu camino excepto Él.


Nuevamente vengo a aconsejarte que abandones la ilusión de pensar que un día te vas a levantar con la plena seguridad de saber qué es lo que tenés que hacer y cuántos pasos y decisiones tenés que tomar para ser feliz. Buscate un libro de autoayuda para eso. Aunque ahí no vas a encontrar la seguridad que tanto anhelás.


Tal vez ahora estás atravesando una crisis personal o profesional, no sabés qué hacer de tu vida o ves el futuro desde un lugar muy pesimista. Sea lo que sea, existe una aspiración fundamental que debe formar parte de ese plan que Dios tiene para vos y que tiene que ser el fundamento de cualquier proyecto personal: la santidad.

Todos estamos llamados a ser santos… a hacer de la virtud una norma en nuestra vida. El Cielo es el objetivo. No importa si todavía no tenés en claro qué es lo que Dios quiere de vos. De lo que tenés que estar seguro es que Dios quiere que seas santo ahora mismo, en el contexto particular que te ha tocado vivir.


La santidad no se agota como un plan profesional o alguna meta finita. Implica una lucha diaria, y Dios nos quiere ahí en la primera línea de batalla. Si no tenemos esto en claro, nunca sabremos realmente cuál es nuestro llamado particular en este mundo. Cada día es una oportunidad para irnos transformando poco a poco en aquello que Dios quiere de nosotros.


"Imagínense [que somos] como una casa viviente. Dios entra a reconstruir esa casa. Al comienzo quizás puedan entender lo que hace. Está arreglando las cañerías y las goteras del techo y todas esas cosas: ustedes sabían que había que hacer esos trabajos, así es que no se sorprenden. Pero luego comienza a golpear la casa por todos lados de un modo que duele abominablemente y no parece tener sentido. ¿Qué diantres pretende? La explicación es que está construyendo una casa completamente diferente de la que ustedes pensaban, haciendo una nueva ala aquí, poniendo un piso extra allá, levantando torres, abriendo patios. Pensaron que los iba a transformar en una casita decente, pero Él está construyendo un palacio. Pretende venir a vivir ahí El mismo". (C. S. Lewis, Mero Cristianismo)

Nuestro plan no es simplemente un conjunto de metas a corto, mediano y largo plazo. Es un plan integral que pone en el centro a Dios. La clave para mantener a Dios ahí y para ir fortaleciendo cada vez más nuestra relación con Él es permanecer en Estado de Gracia.


Los Sacramentos son los medios para conseguir esto. La Confesión restaura la unión con Dios herida por nuestros pecados. Así que, si hace mucho tiempo que no te confesás, te recomiendo que empieces por ahí. No te desanimes por tu pasado o por los errores que pudiste haber cometido. Dios siempre espera a sus hijos. Si antes de formarte en el seno materno te conoció (Jer 1, 5), ¿cómo no va a esperar a que vuelvas a Él con ansias? Acá está el verdadero ejercicio de la libertad que nos ha sido dada. Buscá un buen examen de conciencia y acudí a confesarte en cuanto puedas.



Tres consejos

Recapitulando, dos consejos clave para echar a correr el plan de Dios en nuestra vida son entonces la oración y mantenernos en estado de gracia. Quiero terminar con el tercero, que es cumplir con nuestros deberes diarios.

Exacto, a lo mejor parece poca cosa y hasta puede parece “fácil” a simple vista, y no. No lo es. Con la cantidad de distracciones e imprevistos que surgen cada día es muy fácil que no acabemos lo que empezamos.


El diablo, según C.S. Lewis, nos conoce muy bien, y cuenta con nuestros voluntarios descuidos para ir ganando terreno… así le enseñaba a su sobrino y aprendiz de tentador:

“Al irse estableciendo más completamente esta situación [tu, aprendiz de demonio] te irás librando, paulatinamente, del fatigoso trabajo de ofrecer placeres como tentaciones. Al irse separando [los hombres] cada vez más de toda auténtica felicidad esa incomodidad, y su resistencia a enfrentarse con ella, y como la costumbre va haciendo al mismo tiempo menos agradables y menos fácilmente renunciables (pues eso es lo que el hábito hace; por suerte, con los placeres) los placeres de la vanidad, de la excitación y de la ligereza, descubrirás que cualquier cosa, o incluso ninguna, es suficiente para atraer su atención errante. Ya no necesitas un buen libro, libro que le guste de verdad, para mantenerlo alejado de sus oraciones, de su trabajo o de su reposo; te bastará con una columna de anuncios [publicitarios] en el periódico de ayer. Le puedes hacer perder el tiempo no ya en una conversación amena, con gente de su agrado, sino incluso hablando con personas que no le interesan lo más mínimo de cuestiones que le aburren. Puedes lograr que no haga absolutamente nada durante períodos prolongados. Puedes hacerlo trasnochar, no yéndose de juerga, sino contemplando un fuego apagado en un cuarto frío [o un celular…]. Todas esas actividades sanas y extravertidas que queremos evitarle pueden impedírsele sin darle nada a cambio, de tal forma que pueda acabar diciendo, como dijo al llegar aquí abajo uno de mis pacientes: "Ahora veo que he dejado pasar la mayor parte de mi vida sin hacer ni lo que debía ni lo que me apetecía". (C.S. Lewis, Cartas del Diablo a su sobrino, p. 32-33)

Cumplir con nuestros deberes diarios es hacer la voluntad de Dios en cada momento del día. Si somos estudiantes, tratar de ser los mejores estudiantes. Si tenemos que ayudar en casa, mostrarnos listos para colaborar cuando se nos necesita. Si mi vecino que es grande y vive solo, necesita que le vayamos a comprar algo, lo hagamos. Cada decisión que tomamos al hacer uso pleno de nuestra libertad no queda librada al azar. Tiene un valor y un sentido ¿Se imaginan si nos esforzáramos por vivir así?... No es una pregunta retórica… de verdad, ¿te lo imaginas?... porque de la imaginación y el deseo de lo que imaginamos se sigue el amor, y del amor la acción.

Imaginemos y enamorémonos de esa otra vida que es posible.


Ya sé, no te puedo ofrecer la respuesta que te gustaría, concreta y cerrada, sobre cuál es el plan para tu vida. Sólo Dios puede ofrecerte esto. Yo solamente puedo limitarme a mostrarte los medios que existen para que puedas adentrarte en este camino, el único que verdaderamente vale la pena recorrer.


¡Nos vemos en el próximo post! ¡Dios los bendiga!


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