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¿Quiénes somos?

Charlas CAT es un proyecto apostólico que llevan adelante un grupo de jóvenes laicos de distintos grupos y países. CAT no forma parte de otras instituciones de la Iglesia como Congregaciones religiosas u otras Asociaciones. Sino que es un grupo independiente de personas que aún perteneciendo algunos de ellos a otros grupos, quieren unir sus fuerzas y colaborar para desarrollar diferentes proyectos apostólicos acorde a los ideales de CAT. 

¿A qué aspiramos?

CAT aspira formar líderes inspiradores capaces de crear y sostener en todas partes una nueva cultura apostólica creativa. A través de blogs, cursos y charlas online, compartiendo ideas acordes con nuestra fe católica.


¿Qué hacemos?

Cursos de liderazgo, charlas motivacionales en vivo (que luego subimos a nuestro Canal de YouTube), entrevistas, podcasts, blogs, meditaciones y nuevas iniciativas que frecuentemente ponemos en marcha.

Entre todas las actividades, las charlas CAT, de estilo predominantemente motivacionales, ocupan un lugar central. Son preparadas y dadas por el momento anualmente en un evento en vivo de especiales características. Si querés saber más, podés leer este listado de "preguntas frecuentes".

“¡En 18 minutos no se puede decir nada profundo!”


En 18 minutos no se pueden profundizar temas muy complejos, es verdad. Pero sí se pueden decir cosas profundas. ¡Una frase puede ser profunda! Basta leer el sermón de la montaña, ¿cuánto dura? apenas unos pocos minutos. Y, sin embargo, como dicen muchos santos: allí se encierra todo el Evangelio de modo sintético… ¡todo el Evangelio!




¿Por qué charlas tan cortas? ¿eso no va en contra de una buena charla magistral de una hora o más?


A esta posible objeción habría que decir que no tiene sentido oponer charlas cortas con charlas largas al modo “aut aut” (latín: “o esto o lo otro”) sino que en este caso corresponde más bien el “et et” (“esto y también lo otro”). Oponerlas sería como oponer un artículo de una revista teológica a un libro de teología. O una homilía a un retiro espiritual. Sería como si alguien objetara una conferencia en comparación con un curso. ¿Qué se puede decir en una hora comparado lo que se puede transmitir en un curso de fin de semana?... O el curso con un año de estudios: “no se puede en un curso de fin de semana aprender nada… ¡hay que estudiar una carrera, no hay que ser superficiales!”, “¡Bah! Esas carreras cortas de uno o dos años que se cursan ahora para tener rápida salida laboral” … Y así podríamos seguir poniendo ejemplos: siempre resultará insuficiente. Un artículo breve (incluso una simple “cita” o párrafo del evangelio) no se opone a un libro. Cada cosa tiene su razón de ser, su momento y su oportunidad. Un buen artículo, además de arrojar luz sobre una cuestión particular, puede ser como un disparador para leer un buen libro. Una buena homilía, breve, puede dar lugar a un retiro de fin de semana. Lo importante no es la duración, la cantidad, sino la capacidad de encender el corazón o iluminar la inteligencia y mover a la acción o a la conversión o, “simplemente”, a profundizar más el tema. Además, demasiado sabido está que la cantidad no es garantía de calidad. Más bien suele ser todo lo contrario: la cantidad suele ir en desmedro de la calidad. Bien sabido es que una charla corta exige una preparación mayor: "Si quieres que hable durante una hora estoy listo hoy. Si quieres que hable durante unos minutos necesitaré unas semanas para prepararme" (Mark Twain)




¿Dar charlas cortas, no es fomentar esta cultura de “todo corto y rápido”?


Las “charlas cortas” existieron a lo largo de toda la historia, formal o informalmente el hombre se comunica de diversas maneras, según la ocasión. Es cierto que al hombre moderno le cuesta hoy concentrarse y dedicar tiempo a una charla larga o a la lectura de un libro. Eso no quiere decir que el antídoto sea “producir sólo charlas largas”. Eso sería lo mismo que pensar que dejando de producir artículos cortos u homilías la gente se dedicaría a leer largos libros y hacer retiros espirituales de varios días… Más bien hay que pensar que si las charlas son lo suficientemente inspiradoras, es decir, capaz de comunicar con emoción y razón, tal vez sea es la única oportunidad para llegar a muchos e insuflarles los verdaderos antídotos a la falta de profundidad: el amor por la lectura, la virtud de la estudiosidad a través del cultivo de su inteligencia. Pero más que eso: podemos inspirarles verdadero amor por la verdad y la virtud en todas sus formas, especialmente la de la caridad, ¡que vale más que 100 doctorados!





¿Objeciones a las charla breves?

(este es tu lugar, si sigues con duda escríbenos y con gusto responderemos)

“¡En 18 minutos no se puede decir nada profundo!”


En 18 minutos no se pueden profundizar temas muy complejos, es verdad. Pero sí se pueden decir cosas profundas. ¡Una frase puede ser profunda! Basta leer el sermón de la montaña, ¿cuánto dura? apenas unos pocos minutos. Y, sin embargo, como dicen muchos santos: allí se encierra todo el Evangelio de modo sintético… ¡todo el Evangelio!




¿Por qué charlas tan cortas? ¿eso no va en contra de una buena charla magistral de una hora o más?


A esta posible objeción habría que decir que no tiene sentido oponer charlas cortas con charlas largas al modo “aut aut” (latín: “o esto o lo otro”) sino que en este caso corresponde más bien el “et et” (“esto y también lo otro”). Oponerlas sería como oponer un artículo de una revista teológica a un libro de teología. O una homilía a un retiro espiritual. Sería como si alguien objetara una conferencia en comparación con un curso. ¿Qué se puede decir en una hora comparado lo que se puede transmitir en un curso de fin de semana?... O el curso con un año de estudios: “no se puede en un curso de fin de semana aprender nada… ¡hay que estudiar una carrera, no hay que ser superficiales!”, “¡Bah! Esas carreras cortas de uno o dos años que se cursan ahora para tener rápida salida laboral” … Y así podríamos seguir poniendo ejemplos: siempre resultará insuficiente. Un artículo breve (incluso una simple “cita” o párrafo del evangelio) no se opone a un libro. Cada cosa tiene su razón de ser, su momento y su oportunidad. Un buen artículo, además de arrojar luz sobre una cuestión particular, puede ser como un disparador para leer un buen libro. Una buena homilía, breve, puede dar lugar a un retiro de fin de semana. Lo importante no es la duración, la cantidad, sino la capacidad de encender el corazón o iluminar la inteligencia y mover a la acción o a la conversión o, “simplemente”, a profundizar más el tema. Además, demasiado sabido está que la cantidad no es garantía de calidad. Más bien suele ser todo lo contrario: la cantidad suele ir en desmedro de la calidad. Bien sabido es que una charla corta exige una preparación mayor: "Si quieres que hable durante una hora estoy listo hoy. Si quieres que hable durante unos minutos necesitaré unas semanas para prepararme" (Mark Twain)




¿Dar charlas cortas, no es fomentar esta cultura de “todo corto y rápido”?


Las “charlas cortas” existieron a lo largo de toda la historia, formal o informalmente el hombre se comunica de diversas maneras, según la ocasión. Es cierto que al hombre moderno le cuesta hoy concentrarse y dedicar tiempo a una charla larga o a la lectura de un libro. Eso no quiere decir que el antídoto sea “producir sólo charlas largas”. Eso sería lo mismo que pensar que dejando de producir artículos cortos u homilías la gente se dedicaría a leer largos libros y hacer retiros espirituales de varios días… Más bien hay que pensar que si las charlas son lo suficientemente inspiradoras, es decir, capaz de comunicar con emoción y razón, tal vez sea es la única oportunidad para llegar a muchos e insuflarles los verdaderos antídotos a la falta de profundidad: el amor por la lectura, la virtud de la estudiosidad a través del cultivo de su inteligencia. Pero más que eso: podemos inspirarles verdadero amor por la verdad y la virtud en todas sus formas, especialmente la de la caridad, ¡que vale más que 100 doctorados!