¿Aumenta mi autoestima cuando me pongo al servicio de los demás?

Actualizado: 19 de dic de 2019

En este post, quiero convencerte de que darle la espalda a una vida de servicio es darnos la espalda a nosotros mismos…. En este nuevo tramo del camino para encontrar tu propósito, te voy a mostrar como nuestra autoestima está muy relacionada con nuestra disposición a servir a los demás


El servicio es una parte esencial de nuestra identidad como seres humanos, y si hacemos caso omiso a nuestra habilidad de servir a los otros es una de las formas más seguras de llegar a la miseria y a una vida de desesperación silenciosa…


El tener una sana autoestima, es decir una valoración positiva de uno mismo, está directamente vinculado con el sentirse capaz de contribuir con los demás, y al contribuir la autoestima se potencia.


Tenemos que entender, y también ayudar a otros a entender, la importancia del servicio en la ecuación de nuestra felicidad.


Muchas veces dejamos que sea el interés personal el que dirija nuestro corazón, nuestra mente y nuestro espíritu, e ignoramos las necesidades de los que tenemos a nuestro lado….


Entonces, tenés que convencerte de que estás donde estás con un propósito. Y es fundamental que te enfoques en ese propósito.


Enfocarte en lo que tenés que hacer aquí -donde estás ahora- es el camino para descubrir tu misión en la vida y para adquirir una sana valoración de vos mismo.


Mi mamá siempre me insistía desde chica, que cuando vaya de visita a alguna casa, no llegue nunca con las manos vacías. Ella siempre me dio ejemplo de eso. Y esto es una lección de vida, no de etiqueta. Me di cuenta que no sólo llevar flores o un vino, o algo de comida muestra educación y aprecio, sino que un elogio o una oración por las personas que visitamos también son regalos valiosos.


Es más, no sólo cuando vamos de visita, sino que cada vez que nos encontramos con una persona, deberíamos darle un regalo. Y nuestros regalos no necesariamente tienen que ser comprados o caros. De hecho, los mejores regalos son esos que ni siquiera se compran.


Los regalos que más valoro son los regalos inesperados de las personas que aprecio y con las que comparto día a día, realmente una taza de café durante la mañana, o una sonrisa que ayuda a cambiar el humor, o un detalle de un viaje que demuestra que la persona nos tuvo presentes, o compartir un alfajor, o compartir un mate, o estar atentos a las necesidades que tengo y ayudarme con lo que más me cueste, son regalos que recibo y que tienen un valor inmenso…. Y lo mismo podemos hacer con los demás… es más, estas actitudes son contagiosas, entonces cuando alguien recibe estos regalos, se predispone mejor para hacer lo mismo por otros….


Este video que me encanta muestra lo que te quiero decir con esto…


https://www.youtube.com/watch?v=DcsPaPV5mlk


Tal vez los demás sólo necesitan que les demos unas palabras de aliento o simplemente desearles un buen día. De esta forma real, repetitiva y práctica, nos entrenamos a poner nuestro foco en aquello para lo cual estamos aquí.


En momentos de tranquilidad, cuando estamos solos sin más compañía que la de nuestros pensamientos y memorias, todos, sin importar que edad tengamos, necesitamos sentirnos bien respecto de nosotros mismos. Es nuestra responsabilidad hacer lo necesario para sentirnos bien respecto a nosotros mismos en esos momentos de quietud.


Es a esta audiencia, de un solo integrante nada más, a la que tenemos que convencer de que estamos usando nuestras vidas de una forma que vale la pena y que es digna de imitar.


Necesitamos ser capaces de vernos directamente a los ojos cuando nos miramos en el espejo, y admirar la persona a quien vemos…

Fíjate que no dije ser capaz de mirarnos al espejo. Siempre vamos a tener algo que no nos gusta o que quisiéramos cambiar de nuestra apariencia física, pero tenemos que poder vernos a los ojos y sentir gusto por lo que somos.

La autoestima es esencial para descubrir el sueño de Dios para nuestra vida y para lograr una felicidad duradera.

El servicio es la forma más segura de construir una percepción sana respecto de uno mismo, pero tenemos que discernir a quién y en qué servimos. Y te doy una pista: este discernimiento viene de poner en práctica nueve lecciones en nuestra vida. Pero… ¡ojo! ¡hay un peligro!: si aislamos una sola lección, en vez de ayudarnos a llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos, el hincapié excesivo puede ser contraproducente y llevarnos a una distorsión de nuestro carácter

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Las lecciones sobre las que tenemos que discernir y sobre las que tenemos que actuar son estas:

1- Celebrar nuestro progreso;

2- ¡Simplemente hacer lo correcto y hacerlo ahora!;

3- Primero, el carácter;

4- Descubrir lo que nos apasiona y hacerlo;

5- Vivir lo que creemos;

6- Ser disciplinados;

7- Simplificar;

8- Estamos donde estamos por un propósito. Enfoquémonos en él;

9- Buscar pacientemente lo bueno en todo y en todos.


En los posteos anteriores estuvimos centrados en el punto 8. ¡Si te interesa que hablemos de los otros puntos en los próximos blogs, dejános tu comentario, o contános sobre qué temas te gustaría que escribamos!


Cada una de estas 9 lecciones, cuando las aplicamos a los momentos y decisiones prácticas de nuestra vida, nos ayudan a desarrollar un sentido sano y equilibrado respecto de nosotros mismos y una profunda relación con Dios. Estos puntos también nos van a llevar a disfrutar de mejores relaciones con las personas que más amamos.


¿Sabes qué es lo mejor de esto? Que entre más le enseñamos a los demás a vivir estas lecciones, más capacidad vamos a tener de aplicarlas en nuestra propia vida. Y como pasa en muchos aspectos de la vida, el mejor resultado no se logra cuando nos enfocamos en nosotros mismos, sino cuando volvemos nuestra gentil mirada hacia los otros y nos preguntamos: “¿Cómo puedo ayudar a esta persona a llegar a ser la mejor persona que puede ser?”.


La pregunta que desde ahora tenemos que hacernos seguido es: ¿Cuál tiene que ser mi contribución?


Ahora, como te estarás dando cuenta, el encontrar tu misión en esta vida es al mismo tiempo simple y complicado. Implica tanto empezar de inmediato como esperar pacientemente. Es simple porque en pocos momentos de reflexión podemos descubrir cosas que podemos hacer hoy que nos van a ayudar a ser plenamente nosotros mismos. Es simple porque las necesidades de otras personas en general son obvias, y nuestra habilidad para ayudarles en esa necesidad es enorme. Pero también es complicado porque hay tantas necesidades y no podemos atenderlas todas. Es complicado porque captamos que tenemos un rol específico que desempeñar.


Comencemos hoy haciendo lo que podemos con lo que tengamos, en donde nos encontremos. Enfoquémonos en aquello para lo cual estamos aquí, en este momento, y la misión única que tenemos a cargo se nos va a clarificar a su debido tiempo.


Matthew Kelly nos sugiere poner en práctica lo siguiente para aplicar el 8vo principio que estuvimos viendo:


1. Buscar proactivamente mi misión en la vida de estas cuatro formas: Eligiendo la mejor versión de mi mismo en cada momento, haciendo lo que pueda donde sea que me encuentre, para ayudar a otros a celebrar lo mejor de sí y para hacer del mundo un lugar mejor, explorando cómo mis talentos y pasiones pueden ponerse al servicio de las necesidades de los demás y escuchando la voz de Dios en mi vida.


2. Voy a estar atento a las necesidades de otros, tanto en mi comunidad local como en los lugares que nunca voy a visitar. Voy a usar una porción de mi tiempo, mis talentos y de mis bienes para atender a las necesidades de los otros y aliviar el sufrimiento en el mundo.


3. Voy a desarrollar un sentido sano de mi propia valía al asumir mi mayor talento -mi habilidad de hacer la diferencia en las vidas de otras personas-. Voy a recordar que cada oportunidad de servir es al mismo tiempo una oportunidad de crecer en virtud. Además, voy a tener cuidado de no perderme en las insaciables necesidades de los otros y me voy a asegurar tener tiempo para cubrir mis necesidades legítimas -a nivel físico, emocional, intelectual y espiritual-.


4. Me voy a enfocar en lo que pueda hacer aquí y ahora, dejándome de enfocar en la siguiente pregunta: “¿Qué hay aquí para mí?” y en lugar de eso, poner mi atención en esta otra: “¿Cómo puedo servir?” Cada mañana mientras me ducho o me alisto para ir a la facultad o al trabajo, me voy a preguntar: “¿A quién puedo alegrarle el día hoy?”


¡Te desafío a poner esto en práctica esta semana especialmente! ¡Nos vemos en el próximo post!



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