Pandemia: ¿Cuál es mi teoría conspirativa favorita?

Actualizado: abr 6


Ayer fue un día especial, tal vez fue la gota que rebalsó el vaso de teorías conspirativas, llegó la que faltaba: al final, todo esto era una astuta maniobra china para dominar el mundo.


Ya habían pasado por nuestros ojos y oídos muchas otras teorías, desde la inocente teoría del murciélago comprado en el mercado de animalejos raros (e incomibles!), hasta la del maya disléxico que se había confundido y por tanto el mundo se acabaría en 2021 en vez de 2012, pasando por la epidemia selectiva para liquidar a los viejos.


Se ve que era “el día”, porque a la mañana, recibí la última de las teorías (la de que China lo había planeado todo) -y ahí se me ocurrió escribir este post-… y a la tarde ya estaba este meme circulando por las redes. O sea que no fui el único que sintió que estábamos llegando un poco demasiado lejos con las teorías... Incluso yo recibí algunas otras inéditas que no estaban en este sintético listado de 11 posibles, tengo que decir que las teorías se combinaban de maneras muy ingeniosas...



Ante cada una de las teorías que me iban a llegando, mi postura era siempre la misma: “es posible, no digo que no, pero es indemostrable o muy difícil de verificar”. Cada nueva teoría, además, abría un montón de nuevos interrogantes. Preguntas que, como dice el youtuber de “Te lo resumo así nomás”… “jamás encontrarán respuesta!” (jajaja)


Sin embargo, tengo que reconocer que tengo mi teoría favorita, ¿Querés que te diga cuál?... Te advierto que -como se titula una banda- “no te va a gustar”… tal vez...


¿Por qué? porque solemos pensar con otras categorías acerca de lo bueno y de lo malo; de la bondad de Dios y la maldad del demonio. A veces es un boca-river muy simplista (paréntesis: siempre queremos explicar las cosas del modo más sencillo posible, reducir todo hasta que lo podamos entender… mal que le pese a la realidad). ¿Un virus es malo? ¡viene del demonio! ¿Una lluvia apaga un incendio? ¡viene de Dios! Y es verdad que el demonio puede estar detrás de un virus letal, y Dios detrás de una lluvia salvadora. Pero no siempre Dios o el demonio se sirven de los mismos instrumentos. Por lo pronto, para que tampoco parezca un “boca-river” parejo entre Dios y el demonio, me apuro a decir que el demonio no puede ni patear la pelota si Dios no se lo permite. Mucho menos hacer un gol…


Los que alguna vez escucharon hablar de las “reglas de discernimiento de espíritus” de San Ignacio de Loyola, sabrán que Dios a veces da paz y otras veces inquieta al alma. Por eso no se puede decir “esto me da paz, viene de Dios”. Dios cambia la estrategia según el sujeto y las circunstancias. El demonio, que es un imitador de Dios, también hace lo mismo. Bueno, hace lo que puede (o lo que “le da la cabeza”…) trata de imitar al Único Creador, al Único Ser verdaderamente Creativo. No voy a ir más lejos con las reglas de discernimiento, sólo quería que nos quedáramos por ahora con esa idea: Dios puede cambiar la estrategia según le convenga al sujeto: a veces da paz, a veces da inquietud, a veces da eso que todo el mundo reconoce como un “bien” y otras veces da cosas que parecen un “mal”…


Todo este tema de la pandemia nos ha hecho desempolvar viejas discusiones sobre “por qué pasa lo que pasa”, hasta llegar a las más difíciles: “el mal en el mundo”, “la muerte o el sufrimiento de personas inocentes”…


Cuando salen estos temas en una de esas charlas de café tipo “boca-river”, parece que Dios queda arrinconado y sospechado de impotente o de malvado y cínico: ¿Dios no puede hacer nada?, ¿por qué Dios permite esto, quiere dañar a los hombres?


Explicar la existencia del mal en la creación no es algo difícil. Sencillamente es imposible. Está en la categoría del “misterio”, o sea, en el rango de cosas que escapan a la comprensión de nuestra pequeña mente humana.


La palabra “misterio” viene de “mmmm”… de ese gesto de apretar los labios y levantar las cejas que suele ir acompañado por un encogimiento de hombros… (y si quieren, para completar el emoji, las manitos con las palmas hacia arriba)... Sólo sabemos que el mal en el mundo tiene que ver con 2 cosas: con la libertad humana y… en definitiva, con el pecado. El pecado original trastocó el plan de Dios y con ello se introdujo un principio de desorden y al final de cuentas, de muerte. Pero la muerte no es “el” mal: el pecado es “el” mal. Porque es la causa de la muerte y de todas esas cosas que llamamos “malas” en este mundo.


Alguno estará pensando: ¡padre, pero al final, no dijo cuál era su teoría conspirativa preferida!


¡Ya voy, ya voy! antes tengo que contarles una historia. Esta es la historia de un emperador y filósofo estoico, escrita por otro fan suyo, y dice así: había una vez…


“En el año 170, una noche dentro de su tienda de campaña en el frente de guerra en Germania, el emperador romano Marco Aurelio, hoy conocido como el último de los cinco grandes emperadores, se sentó a escribir. No lo hizo para una audiencia ni para que fuera publicado, sino para él. Y lo que escribió es sin duda una de las fórmulas más efectivas de la historia para superar todas las situaciones negativas que encontramos en la vida. Una fórmula para prosperar no pese a lo que sucede, sino gracias a ello. En ese momento escribió sólo un párrafo, y poco en él era original. Marco Aurelio definió y articuló una idea tan antigua que terminó por eclipsar los grandes nombres de sus antecesores: Crisipo, Zenón, Cleantes, Aristón, Apolonio, Junio Rústico, Epicteto, Séneca, Musonio Rufo.

La fórmula dice así: “Nuestros actos pueden ser impedidos, pero no existe ningún impedimento contra nuestras intenciones o inclinaciones, porque somos capaces de adecuarnos y adaptarnos. La mente se adapta, y transforma para sus fines el obstáculo contra nuestro actuar”. Y concluyó con esta máxima: “Lo que estorba la acción promueve la acción. Lo que se interpone en el camino se vuelve el camino”.


En estas palabras reside el secreto del arte de usar los obstáculos para bien. Aunque no seamos emperadores, el mundo nos pone a prueba a cada momento. Nos pregunta: “¿Tienes suficiente mérito para superar lo que se cruzará inevitablemente en tu camino? ¿Te pondrás de pie y nos mostrarás de qué estás hecho?”. Muchas personas han respondido de manera afirmativa este interrogante. Y una especie más rara todavía ha demostrado que no sólo puede hacer eso, sino que además es capaz de recuperarse y prosperar en cada reto. Que el desafío la vuelve mejor que si no hubiera encarado la adversidad en modo alguno. Ha llegado tu turno de ver si tú eres una de esas personas, si les harás compañía.”

Bueno ahora sí, les digo cuál es mi teoría conspirativa favorita, sí, tal vez ya se lo imaginaron: el que está conspirando detrás de todo esto… ¡es Dios mismo! Lo siento, pero creo que Él es el “culpable”…


Los estoicos, aunque habían encontrado algunas verdades, desconocían que no es el azar el que nos pone delante esos obstáculos, esos imponderables, esos desafíos. Lamentablemente desconocían que había un Padre nuestro en los Cielos...


Y tener un Padre en los Cielos implica que nada de lo que pasa “se le escapó”, “fue sin querer”, ni “una bromita”... Tener un Padre (todopoderoso) en los Cielos, implica contar con el favor de una Bondad todopoderosa que es capaz de transformar todo mal para nuestro bien, que conduce la historia inspirando interiormente a cada hombre, sin quitarle su libertad, para hacer el bien a todos. Es tener de nuestro lado al gran convertidor de “obstáculos” en “caminos”.


Si no, acuérdense del “¡Oh Feliz culpa!” (¿qué es eso padre?, dirá alguno). En el “Pregón Pascual” (lo que se recita o se canta la noche de Pascua) escuchamos: "Oh feliz culpa que nos ganó tan grande, tan glorioso Redentor." El pecado del hombre es verdad, como dijimos, trastocó el plan de Dios, introdujo el caos, el desorden y la muerte en el mundo. Pero Dios, el gran transformador de males en bienes, se sirvió de esa caída y previó un Redentor maravilloso, perfecto, amable, amigo, y mil etcéteras, la fuente de todo bien, el más hermoso de entre los hijos de los hombres: Jesucristo nuestro Salvador.


No fue Marco Aurelio el genio creativo. Dios es el Maestro de transformar obstáculos en caminos, maldiciones en bendiciones.


Y Él quiere que aprendamos a hacer lo mismo, y por eso ha “conspirado” para nuestro bien, ha permitido (llámenlo castigo, llámenlo “permiso”, llámenlo “dejar que se cumplan las leyes de la naturaleza”) y ha querido hacernos pasar por esta prueba. No a uno, ni a diez, ni a cien… Hoy… ¡nada menos que a toda la humanidad!...


Ya se habla de que los que sobrevivamos a esta pandemia no podremos evitar sufrir la catástrofe económica que se avecina… Así que asumamos el desafío: esto recién comienza…


Por eso quería escribir este post -aunque ya había escrito uno similar acá- porque tenemos que terminar de entender de qué se trata esto, de la oportunidad que tenemos entre manos. Tenemos que entender que discutir sobre cuál es la teoría conspirativa (si China, si Bill Gates, si el Nuevo Orden Mundial… si el murciélago con papas al horno…) puede tener alguna utilidad, no lo niego, pero también puede distraernos y no permitirnos ver cuál es el verdadero desafío: transformar el obstáculo en camino.


Para los cristianos el signo del obstáculo más grande que existió tiene forma de cruz. Fue la Cruz de Cristo, la que lo llevó a la sepultura. Todo parecía terminado cuando cayó sobre Jesús la pesada lápida de la cruz. La muerte de Cristo, a los ojos de sus seguidores, pareció el fin de la única verdadera esperanza de ser salvados, de recibir al Mesías, el que habría de librarlos de todo mal. Y esa Cruz se transformó, por el poder y el genio creativo de Dios, en causa y camino de salvación. Por eso la llamamos bendita, y gloriosa y la besamos, a pesar de ser tan horrible, por eso nos identificamos con ella persignándonos y trazándola sobre nuestra frente y nuestro corazón cada día: para recordarnos que el obstáculo es el camino. La Cruz, la santa Cruz de Cristo es nuestro camino.


Recordemos: “una especie más rara todavía, ha demostrado que es capaz de recuperarse y prosperar en cada reto. Que el desafío la vuelve mejor que si no hubiera encarado la adversidad en modo alguno. Ha llegado tu turno de ver si tú eres una de esas personas, si les harás compañía”.


¿Seremos de esos?... ¡Dios te bendiga! ¡nos vemos en el próximo post!


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