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Oraciones

Oración para las Fuerzas Armadas

Oh soberano Señor, Dios de los Ejércitos, ante cuyo trono altísimo los escuadrones de los ángeles cantan perpetuamente un himno de gloria, nosotros, los soldados argentinos -que en el cielo, en la tierra y en el mar hacemos buena guardia en las fronteras de la Nación, velamos a fin de qué no sea alterado el imperio de la ley de la justicia y aseguramos el orden y la paz, que son indispensables para que la Patria viva tranquila, trabaje confiada y prospere sin interrupción-, venimos hoy a tu augusta presencia para implorar tu protección y ofrecerle nuestros servicios.

Como soldados cristianos te pedimos la fortaleza invicta, la fidelidad inquebrantable y el espíritu de sacrificio, llevado, si fuera necesario, hasta el heroísmo.

Que la vida de cuartel no nos arrastre al ocio, a la molicie y a la relajación de costumbres; que las fatigas militares, la requerida disciplina no nos depriman ni nos desalienten en este ejercicio de las armas, que tanto parecido tiene con el que impone a diario la ascética cristiana; que el prestigio natural que nos rodea no nos ensoberbezca sino que nos sirva para recordarnos el buen ejemplo que debemos dar a todos; que los atractivos y los halagos del mundo, las propagandas falaces, no nos seduzcan ni nos desvíen del camino recto de servidores de la Patria, del bien y de la paz; y que el constante recuerdo de que militamos bajo las banderas de una nación de historial limpio y de íntegra tradición católica nos impulse continuamente a una vida cada vez más intachable y a una adhesión cada vez más perfecta a la Iglesia de Cristo y a sus salvadoras enseñanzas.

Esté con nosotros el glorioso Arcángel San Miguel, príncipe de la milicia celestial; estén en nuestra compañía los santos soldados que, principalmente los primeros siglos del cristianismo, decoraron con su sangre la fe que profesaban. Y tú, oh Madre Santísima, que bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto guías con tus manos dulcísimas por el azul del cielo a nuestros centauros del aire; tú, que con el nombre amabilísimo de Nuestra Señora de la Merced y del Carmen de Cuyo proteges a nuestros ejércitos; tú, que desde el santuario de Nuestra Señora de Luján nos recuerdas que eres madre de todos; recibe nuestras pobres súplicas, fortifica nuestros sinceros propósitos y dígnate presentarlos, para que los bendiga, a tu divino Hijo Jesucristo Nuestro Señor, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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