David y Goliat (2). Cómo transformar tus debilidades en fortaleza.



Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza. David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero… no pudo porque no estaba acostumbrado.

¡Podemos imaginar la escena y nos da risa!... el pobre David “disfrazado” con la armadura y las armas prestadas del rey Saúl. Pero luego se la quitó, y venció a Goliat... ¿qué nos quiere enseñar la Biblia al contarnos estos detalles?...

Amigarnos con ellas…

No podemos dejar de verlas como algo negativo. Nos encontramos con ellas a diario, desde que nos levantamos hasta que termina el día. Nos salen al paso y nos dicen algo sobre nosotros. Sí, me refiero a nuestras debilidades, son nuestras compañeras, pero no nos llevamos bien, no las entendemos, no las aceptamos del todo… ¡no las queremos!


Pero… ¿Y si resulta que nos son tan malas como pensamos?... Si David era débil ante Goliat y venció, ¿por qué nosotros no podríamos hacer lo mismo? ¿Y si lo que dijo San Pablo de que “cuando soy débil, soy fuerte” resulta que es cierto también para mí?... Vamos a ver que todo esto es posible. Pero hay una condición: entender qué son de verdad y qué papel juegan nuestras debilidades.

¿Y si resulta que David no era el débil…?

La semana pasada pusimos nuestra atención en un plano -que es el más importante- que es el plano de la fe. Hablamos de ofrecernos a Dios cada vez para mayores desafíos, y que Dios quiere nuestro ofrecimiento libre y generoso; hablamos de prepararnos para nuestra hora, dando lo mejor en lo que sea que hacemos; y, por último, de cerrar los oídos y confiar en Dios, poniéndonos en Sus manos. (Si no lo leíste, podés hacerlo acá).

Y todas estas ideas las fuimos entresacando de la historia de David y Goliat, sin forzar nada, simplemente observando el relato bíblico.


Pero hay otra lectura del relato bíblico y del tema de las debilidades que no necesariamente surge de la Biblia, una mirada si se quiere desde la experiencia y el sentido común que, obviamente, es perfectamente compatible con la fe, y la complementa. No vamos a dejar de lado la fe, al contrario, siempre mantendremos nuestra mirada desde los ojos de Dios.


El periodista británico Malcolm Gladwell, en el libro que lleva por título justamente David y Goliat, plantea una mirada distinta del relato y nos vamos a servir de sus intuiciones. Y es que, en realidad, la historia esconde otros mensajes, que pueden quedar ocultos si no nos esforzamos en reflexionar sobre lo que hay detrás de lo que aparece a primera vista.

La primera pregunta es esta: ¿de verdad David era el “débil” y Goliat el “fuerte”?

Conoce tus debilidades…

Ya dijimos que Goliat medía casi 3 metros de altura, que era muy temido y muy fuerte, tanto que llevaba casi 70 kilogramos sólo si sumamos el peso de su cota de malla y el hierro de su lanza. Y sabemos que además de las armas que él mismo cargaba, tenía un escudero que portaba unas cuantas más…


¿Qué hay de David? Dice la Biblia:

Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza. David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado.

Por suerte, David era no sólo un hombre de fe, sino… ¡de un gran sentido común!... él sabía varias cosas que fueron clave. Primero: ¡conocía su debilidad!... es verdad que, como vimos la semana pasada “alardeó” de sus proezas con leones, ¿se acuerdan? Decía que “a mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y, si el animal me ataca, lo agarro por la melena y lo sigo golpeando hasta matarlo”.


No sabemos si era taaan así como le dijo a Saúl… David podría haber exagerado… para que lo dejaran pelear... Si hubiera dicho que pensaba atacarlo lanzándole una piedra se hubieran reído de su ingenuidad y lo más seguro es que no le hubieran dado una oportunidad. Los hechos mostraron que aunque hubiese “matado leones”… no siguió la estrategia de combatir cuerpo a cuerpo… David conocía su debilidad en este punto, y sabía que no podría vencer a Goliat si se acercaba. Goliat era un guerrero demasiado fuerte y experto para un cuerpo a cuerpo. Lo aplastaría como a una cucaracha.


Conocer nuestras debilidades nos sirve para saber en qué camisa o en qué “bailes” no meternos. Es verdad que a veces podremos desarrollar talentos practicando y fortaleciendo una debilidad…, pero no siempre esa es la estrategia correcta, muchas veces, en cambio, será mejor echar mano de nuestras verdaderas fortalezas, esas que no habíamos considerado tan valiosas, o que otros no consideraban tan valiosas e importantes.


Muchas personas exitosas cuentan que alcanzaron mejores resultados siguiendo ese camino: fortaleciendo sus fortalezas. Y claro, tiene su lógica: se genera un círculo virtuoso. Veamos 4 razones por las cuales por las cuales fortalecer una fortaleza puede tener un impacto mayor que dedicarse a fortalecer una debilidad.


1) Desarrollar una fortaleza en algo genera una especie de “resplandor” que hace que los que nos rodean nos perciban como alguien capaz no sólo para eso que hacemos, sino también para otras cosas… eso impacta en el 3º punto que veremos a continuación.

2) Desarrollar un punto fuerte no sólo nos ejercita en eso que estamos trabajando, sino también en otras capacidades. Por ejemplo, el que se entrena para tocar el piano, indirectamente también desarrolla otras cualidades como la disciplina, la paciencia, la concentración.


3) Ya hablamos de confiar en Dios, que es el fundamento de todo. Pero esa confianza fundamental no excluye la confianza en uno mismo, es decir, en los talentos y potencialidades que Dios mismo ha puesto en nosotros. Y bien, esa confianza en uno mismo aumenta cuando uno desarrolla cualquier fortaleza. Sabernos capaces en algo (como David se sentía capaz cuidando su rebaño), nos lleva a intentar otras cosas distintas.


4) Las aspiraciones aumentan cuando alguien triunfa en algo determinado y eso lo mueve a querer alcanzar otras metas y desafíos mayor.

Grande, fuerte… sí, peeeero…

Goliat quería que David se acercase para tener una lucha cuerpo a cuerpo. Fijémonos en este detalle sumamente interesante: Goliat le grita a David: —¿Soy acaso un perro para que vengas a atacarme con palos? Y maldiciendo a David en nombre de sus dioses, añadió: —¡Ven acá, que les voy a echar tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo!”


¿Palos? David no tenía palos… Parece que Goliat no veía bien… David tenía una honda. No sé qué nos imaginamos cuando escuchamos esta palabra. Tal vez nos imaginamos una honda moderna de esas pequeñas “de bolsillo” con forma de “Y”. Pero no, se trataba de algo más parecido a una “boleadora”… Se sujetaba una punta con la mano y en el otro extremo iba la piedra colgando en una especie de zona más ancha.


Por este y otros detalles -algunos creen que el escudero en realidad era una compañía de ayuda- se piensa que nuestro “Hulk” tenía problemas de visión (frecuente en personas con acromegalia o gigantismo). No hace falta que digamos que su gran tamaño y el peso que llevaba encima le restaban agilidad y movilidad. Entonces: ¿grande y fuerte?... sí pero también… lento, pesado… ¡con muy poca agilidad!


Por eso Goliat le grita a David “¡Ven acá!” (a mi zona de fortaleza)... Y David, no siendo capaz de un cuerpo a cuerpo, no teniendo esa destreza, hace lo que sí sabía hacer, a larga distancia. Uno puede pensar que una honda es un arma poco poderosa, pero un buen “hondero” podía “matar o lesionar gravemente a un blanco a una distancia de 200 metros”, argumenta Gladwell. Según algunos estudios realizados por expertos, a una determinada distancia la velocidad que alcanza una piedra lanzada con una de estas hondas tiene una potencia semejante a la de un arma de fuego.


Los pastores solían usar la honda para proteger al rebaño espantando a los animales que querían atacarlas con un disparo. Paréntesis: cada vez me convenzo más que lo de los leones agarrados “de la melena”… era un cuento de niños… y creo que Saúl tampoco se lo creyó pero… entre que nadie se ofrecía y entre que veía un brillo especial en este “ungido de Dios” (sí, no nos olvidemos, David, pequeño y débil, había sido ungido rey por Samuel en secreto), no tuvo más alternativa que ceder.

Otras 3 enseñanzas clave

Hagamos un recuento de lo que hemos aprendido hoy, de este enfrentamiento épico que nos regaló el Señor en las Sagradas Escrituras.


1. Cambiar nuestra manera de vernos. Prácticamente toda conquista tiene que ver con un mayor conocimiento o cambio de visión del enemigo. Que en este caso podemos ser nosotros mismos. Y eso porque vemos nuestras debilidades como un gran drama, y eso nos quita atención sobre nuestras fortalezas y mata nuestro entusiasmo y motivación. Y nos empecinamos en fortalecer con poco éxito nuestras debilidades en vez de fortalecer nuestros talentos.


¿Se acuerdan de la la parábola de los talentos? Bueno, ¡justamente lo que el Señor dijo es que hay que multiplicar o acrecentar lo que ya tenemos, lo que Él nos dio!... ¿No será una buena pista la que nos dejó? Claro que podremos fortalecer debilidades, pero tal vez eso se logrará de modo indirecto (como en el ejemplo del piano que dijimos), una vez que hayamos adquirido mayor fortaleza y confianza a partir de algunas saludables victorias.


2. Desconfiar de las fortalezas. La historia está llena de Goliats que cayeron por confiar demasiado de sus fortalezas. También nosotros podemos ser Goliat. En ciertas circunstancias, una gran fortaleza también puede convertirse en una gran debilidad.

Cuando somos buenos en algo es muy común que nos descuidemos y perdamos de vista muchas otras cosas, y muchos peligros. La excesiva confianza en un punto suele generar una falsa seguridad, de que con eso podremos solucionarlo todo, y así descuidamos “flancos”, y nos exponemos a perderlo todo.


La confianza en esas fortalezas nos vuelve ciegos ante la realidad y también perezosos para la creatividad: tenemos solamente un martillo, como solemos decir, y queremos solucionar todo a los golpes. Goliat no tenía otras “estrategias”, sólo sabía dar “golpes de martillo”. La adaptabilidad, y la creatividad son enemigas de las “seguridades” que nos forjamos en nuestra zona de confort.

¿Queremos ganar el combate y crecer? busquemos desarrollar nuevos talentos a partir de nuestras diversas fortalezas.


3. Fortalecernos a través de las debilidades o dificultades. En esta Charla CAT, Matías Bel explica el concepto de por qué a veces es mejor recorrer el camino difícil para alcanzar mejores resultados y ser más creativos. Tenemos que entender finalmente que las desventajas o debilidades siempre son ocasiones para desarrollar nuevas habilidades o buscar soluciones creativas a un problema.


Malcom Gladwell desarrolla el concepto de “dificultad deseable”. Básicamente: el hecho de que algo sea más fácil o que tengamos más recursos disponibles no implica necesariamente que obtengamos mejores resultados, en general produce exactamente el efecto contrario. Las dificultades nos ayudan porque activan nuestro instinto de supervivencia, desarrolla nuestra concentración y enfoque en el problema y por tanto, nos permite encontrar soluciones más creativas y mejores.


Final de la historia

Por si no sabías, sí, ganó David. Un hondazo en el medio de la frente. Uno solo, y Goliat cayó. Y el pequeño David, dice la Biblia, se acercó y lo remató con la misma espada del gigante. Toda una moraleja final: esa gran espada, en la que tanto confiaba Goliat, fue la que le dio muerte.


Aprendamos la lección, y cambiemos completamente nuestra manera de ver las cosas, no digamos “¡ay de mí! Soy débil y pequeño, no puedo hacer nada…” Digamos más bien con san Pablo: “cuando soy débil, entonces soy fuerte!”. Que Cristo sea siempre nuestra fortaleza, y que aprendamos a usar y desarrollar los talentos que Él nos dio.

Hasta la próxima semana, ¡Dios los bendiga!



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